lunes, 12 de octubre de 2009

Un gobierno verde

Después del sombrío terremoto que sacudió Caracas en el año 1812, Bolívar quería que la naturaleza lo obedeciera, de lo contrario, lucharía contra ella. Nunca se imaginó, que casi doscientos años después, la lucha iba a comenzar.

Hace un mes, el hecho noticio en Venezuela fue el gran periplo que el presidente Chávez realizó por todo el mundo, y acompañado de una caravana real, concretó acuerdos armamentistas, bilaterales, de cooperación, firmó autógrafos en un desfile sobre una alfombra roja, en fin, temas de interés de Estado. Los venezolanos analizamos los resultados con esa vena de periodismo gonzo que se ha desarrollado en buena medida por lo extraño de este país, donde los maleantes dan lecciones de moral, y como nos enseñó el buen Doctor Thompson, nos centramos en el contexto. No importaba que en ese viaje se haya gastado más en armar milicias ─y eso no significa lo mismo que modernizar el sector militar que en el área de la educación, que los gastos suntuarios parecían cosas del realismo mágico del maestro Uslar Pietri y que lo único socialista era el tono de la alfombra en el festival de cine de Venecia. En conclusión: ya lo obvio no es suficiente, algunos vamos más allá o sencillamente la conciencia liberal de los venezolanos es más fuerte que cualquier otra cosa, pero ese análisis ya escapa a estas líneas.

Sin lugar a dudas, no hay mejor ocasión para examinar el acontecer nacional venezolano que una reunión con unos amigos acompañada con un buen jugo de uvas, en otras palabras: los expertos dicen que las conversaciones de la mayor parte de los venezolanos giran alrededor de los asuntos políticos que quede claro, dicen los expertos. En una buena tertulia criolla nunca falta una oda a Cadivi. Ahora, para muchos, Cadivi es su contexto. Y cómo no pensar en eso, en un mundo tan globalizado, donde las fronteras culturales se hacen más borrosas aunque algunos quieran lo contrario, lamentablemente, tenemos que pensar en dólares. Y para los venezolanos, Cadivi es sinónimo de dólares o la falta de ellos. En muchas de esas tertulias se habló de cuán caro en función de cupos Cadivi nos salió a los venezolanos los viajes de la "espada de Bolívar", y sí, ciertamente la cantidad raya en lo absurdo cuando se sacan las cuentas y se coteja con qué trajeron esos viajes muchas armas y sellos en los pasaportes, pero pensando "verde", sacando de algún rincón de la mente un poco de conciencia ecológica, el cálculo gonzo sería: ¿Cuántas carpetas se consignaron a Cadivi para el trámite de esas divisas? O ¿cuántos árboles se necesitan talar para crear esa cantidad de papel? Definitivamente la burocracia no tiene tiempo para pensar en el medio ambiente. Y acaso ese Bolívar, romántico y enfurecido, quería luchar contra la naturaleza apunta de burocracia y acabarla lentamente. ¿Será que la burocracia justifica el orden? ¿Quién controla a los instrumentos de control? ¿Realmente hace falta acabar con una librería para hacer un viaje? ¿Qué harán con tantas carpetas? En algún momento la escasez de alimentos la acompañará la escasez de separadores.

No quiero terminar sin hacer un llamado a la conciencia ecologista. Sí, creo que este gobierno es verde a pesar que la pobre Gaia esté recibiendo un golpe en su flanco izquierdo aunque se vistan de rojo. Una máxima de la ecología son las tres erres: Reuso, Reducción y Reciclaje. Los ideólogos de la revolución bonita si acaso eso existe también tienen sus tres erres: Reimpulso, Rectificación y Revisión. ¿Estos ideólogos enmascarados será que se equivocaron de erres o de camino?

No hay comentarios: